Se echan en falta los perros de aguas en las inmediaciones del puerto,  blancos o marrones, cariñosos, juguetones y que en ocasiones parecían sonreír, deambulando sin meterse con nadie, sacudiéndose el agua, amodorrados en cualquier esquina o moviéndose dentro de los barcos.

Estos animales, también llamados perros de lanas, ayudaban a los marineros, como pequeños grumetes. Llevaban cabos de unos barcos a otros y de éstos al muelle para el amarre, recogían peces que se caían, vigilaban las embarcaciones amarradas, incluso hacían de salvavidas cuando arreciaba el temporal. 

Excelentes nadadores, están dotados de membranas interdigitales, y no peores buceadores, se pueden sumergir hasta tres metros y aguantar más de dos minutos debajo del agua.

Uno de los más populares, sobre todo entre los marineros fue el Moro, que en marea baja siempre andaba por la ría y se había aficionado a la pesca del rodaballo con su propio sistema. Así, lo aguantaba con una pata y trataba de sacarlo a la arena, y si se le escapaba, que era la mayoría de la veces, lo perseguía muy enfadado dando ladridos por no poder echarlo a tierra.

Maiche Perela Beaumont

Imágenes: Luis Noriega Delgado y Valentín Orejas

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