En los tiempos en que las lanchas acompañaban a los delfines, los pescadores solían  tratarlos con mucha consideración y, aunque no había ninguna ley escrita, se decía que estaba prohibido matarlos.

A la salida del puerto, lo primero que hacían las lanchas era ir en busca de los tolinos para aprovechar “la colaboración” de estos animales.

Los delfines trataban de sacar la pesca a la superficie, pues era la mejor forma de poder de comer y respirar, y los marineros cuando los delfines daban saltos menos espectaculares, sabían que el pescado estaba cerca y largaban el aparejo.

Maiche Perela Beaumont

Imagen, Valentín Orejas

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