por Maiche Perela Beaumont
Herramienta diseñada con dos mangos, que recuerda a las de una guadaña de segar, con la que nada tiene en común, dichos mangos se cogían con ambas manos, el delantero servía para imprimir el movimiento de vaivén, mientras que el trasero era apropiado para impulsar la herramienta,
por Maiche Perela Beaumont
Muchas son las crónicas, tanto de “El Oriente de Asturias” como de “El Pueblo”, sobre la alegría que se respiraba en la villa cuando hacía su entrada en el puerto “El México”.
por Maiche Perela Beaumont
El 21 de enero de 1922, “El Pueblo” contaba que el Gremio de Mareantes celebró junta extraordinaria, en la que se aprobó por unanimidad el balance de cuentas correspondiente al final del ejercicio social de 1921, y se acordó reelegir a la junta directiva, excepto a tres vocales que correspondía cesar, siendo nombrados en sustitución, don Fernando González, don Gerardo Valle y don Cayetano de la Cruz
por Maiche Perela Beaumont
La Cofradía de Mareantes de San Nicolás ayudaba económicamente a sus cofrades. Tenía panera para el trigo, la escanda y el centeno.
Como no se cultivaba el trigo y era escasa la vid, siendo difícil la comunicación con el interior por falta de vías apropiadas, se proveían saliendo al mar a la busca de algún navío que portase vino o trigo. Se concertaba en alta mar la adquisición y se traía a puerto. En ocasiones, acudían al puerto de Bilbao.
por Maiche Perela Beaumont
Desde siempre, la Barra es uno de esos lugares en los que consigo distraer la mente. Así, cuando tengo en la cabeza mil cosas me viene muy bien pasear un rato en ella. Esta tarde, mientras la recorría con la confianza de aclarar las ideas o, como poco, atribuirles un orden, tuve la suerte de descubrir sobre los cubos que dan al norte, camuflados entre las gaviotas, a unos cuantos vuelvepiedras, esos pájaros rechonchos y cosmopolitas que encuentran debajo de guijarros, algas y maderas, todo un universo.
por Maiche Perela Beaumont
La Cofradía de Mareantes de San Nicolás realizaba labores asistenciales que irían variando a través de los siglos.
Así, si una embarcación sufría una avería, el propietario era el obligado a reparar los gastos de reparación, pero si era de gran cuantía la aportación económica podía ser realizada por la Cofradía, pero siempre en concepto de préstamo y no de regalo.