Al mediodía del 14 de abril de 1905, dos marineros llegaron sin aliento a la  Sociedad de Salvamento de Náufragos participando que a milla  y media del puerto, en las cercanías del  Palu de Poo, un buque estaba en apuros y que su tripulación pedía auxilio.

Me imagino que, en aquel viernes de primavera, con marejada y viento del noroeste, en La Tijerina miembros de la  junta y socios estarían de tertulia, quizá comentando la muerte de Julio Verne, la revuelta en Rusia, la jura como presidente de Estados Unidos de Theodore Roosevelt o la revolucionaria teoría de un excéntrico físico llamado Eisntein.

Inmediatamente de conocerse y confirmarse la noticia, se comunicó a la Brigada de Auxilio, cuyo jefe, el Cabo de Mar del puerto, Lorenzo Anca Freire, mandó un despacho telegráfico a la comandancia de Gijón, de donde salió hacia  el lugar del siniestro el buque “María”, patroneado por Florentino Cortazar. También, se le hizo saber al capitán del “Rosario”, vapor que estaba atracado en Llanes.

Antes de que este barco se hiciera a la mar, ya  habían empuñado los remos  marineros llaniscos en embarcaciones menores para prestar ayuda a la tripulación del que resultó ser el carguero “Pedrosa”, de la compañía Vasco Cantábrica, que sufrió una vía de agua a consecuencia de averías en la máquina, que la dotación fue incapaz de reparar. Y antes de que, a altas horas de la noche, el vapor “María” llegara de Gijón, los marineros llaniscos y el “Rosario” habían logrado poner  a salvo a los 16 marineros y al capitán del “Pedrosa”.

Al parecer, el plan de rescate ideado era sencillo, llevar el buque hacia una playa cercana y  recuperar la carga, que consistía en valiosos lingotes de cobre que se trasportaban desde Bilbao a Avilés. Sin embargo, el capitán, José Blanchard, se negó a ejecutarlo sin dar explicaciones, lo que dio lugar a que durante mucho tiempo corrieran por la Villa las más fantásticas y diversas teorías y suposiciones.

Así las cosas, tanto el “María” como el “Rosario” acompañaron al “Pedrosa” hasta que a las cinco y media  de la mañana del día 15 de abril, hoy hace exactamente 112 años, se hundió en el mismo lugar donde había fondeado, en las proximidades del Palu de Poo.

Desde entonces, aquel carguero construido en el año 1889, de 1.105 toneladas de registro bruto, reposa en un fondo de arena a unos 36 metros de profundidad.

Según distintas fuentes, entre ellas  las de quienes, con grandes dificultades y esfuerzo, recuperaron los  lingotes de cobre, no queda mucho del pecio. Tan solo las calderas y algunos restos desperdigados, que  bogavantes y congrios comparten como refugio.

Maiche Perela Beaumont

Fotografía: Valentín Orejas

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